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“¡El Judas, el Judas!”

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  • “Sujétale la cabeza, poh”, le dice el Óscar a Checoso, mientras mueven el Judas al poste cercano al “hoyo”.
  • “Listo”, replica el Pecas.
  • “¿Y el Lale y el Jaime?”, vuelve a preguntar Óscar.
  • “Fueron a grabar el discurso en cassette para más tarde”, contesta el Checoso.

Eran las 19:00 hrs. del viernes santo de 1990. Pero distintamente a como ocurre en otras ciudades del país, pronto tendría lugar en el cerro Barón de Valparaíso, una de las extrañas, pero aún supervivientes tradiciones porteñas: la quema del Judas.

Un muñeco construido a pulso con maderas, alambres, rellenos de papel de diario; y adornado por ropas viejas y una cabeza de género generalmente donada por mi prima Ximena; simbolizaba al apóstol traidor y su posterior ahorcamiento, representado por su incineración ante la comunidad invitada al evento.

Las semanas previas al suceso eran muy agitadas, turnando el domicilio del muñeco entre nuestras casas, llenándolas de aserrín, polvo y de una inquietante e inanimada presencia generalmente recostada en nuestros livings.

Durante el día, el guarda de turno se encargaba de sacarlo a la calle y apostarlo en alguno de los postes de luz más transitados del barrio. Cada miembro de la pandilla con su tarrito en mano, se encargaba de recolectar las monedas que simbolizarían el día de la quema, a las 30 de plata que el apóstol recaudó tras delatar a Jesús.

  • “Ehh ehh ehh, una moneíta pal Juda”, rezaba mi primo Andrés, en una de las tantas colaboraciones que brindó para esta tradición.
  • “¿Cuánto llevai?”, le pregunta el Tata.
  • “Eh eh, 100 pesos”, contesta “Andresito”.
  • “Ya, pero se los echai al Judas después”, replica Reyes.

No éramos los únicos del cerro Barón que manteníamos esta tradición. La calle O’Brien era famosa también por sus espectaculares performances en torno al muñeco de madera y trapo. 1996 sería el último año en que de nuestras manos se construyese un Judas en la calle Julio Verne.

Pero volviendo a 1990, la preparación de un discurso que Jaime y yo grabamos; más la logística de Óscar y Checoso, nos permitieron gozar y regalar uno de los mejores espectáculos de aquellos años.

Cargado de monedas (sí, le echábamos un 80% de lo que recolectábamos), el ente era izado en un alambre que cruzaba la calle desde la ventana del segundo piso de los Reyes hasta la del “Guatón Morsa”. Allí, voluntarios del minuto le daban vueltas completas hasta que el fuego y la gravedad hacían su trabajo.

21:00 hrs. La calle Julio Verne está llena de vecinos, curiosos y niños apostados para lanzarse a las llamas para recoger las primeras monedas que el ejecutado dejara caer durante su immolación.

21:05 hrs. Óscar asoma una radio Phillips roja en donde comienza a sonar el discurso de despedida de Judas. Se oyen risas y asoman algunas caras de colgados que no entienden los chistes mencionados.

21:08 hrs. Jaime y Checoso rocían con parafina al finado y comienzan el proceso de encendido. Judas es izado.

21:12 hrs. Tras un lento inicio, el fuego, el viento y los giros comienzan a propagar el fuego por el muñeco. Se oyen caer las primeras monedas y a los primeros niños zambullirse bajo la humareda.

21:18 hrs. El primer giro de 360° y la audiencia exclamando “wooooowww”.

21:20 hrs. Tras caer varios trozos del esqueleto de madera, cae el resto del cuerpo, quedando sólo los hombros atados al alambre cruzacalle.

21:25 hrs. Tras apagarse, los niños revisan los escombros para hallar cualquier moneda superior a $1 que les permita abultar el tesoro de la noche.

21:30 hrs. Aparecen las escobas y los jarros con agua. Es el fin de la fiesta y de una semana llena de amistad, ingenio y tradición.

Discurso original grabado en la radio Phillips de Óscar.

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