fbpx

Un festín de mierda

with Sin Comentarios

Una sombra se alarga mientras se aleja del último poste que alumbra de manera constante la escalera a Eloy Caviedes, la expectación crece y la cuenta regresiva comienza a medida que la figura se acerca al primer peldaño.

  • 4, 3, 2, 1 ….., cuentan entre risas todos los muchachos.
  • Yyyyyy….. ¡¡¡Splash!!!, entonamos cagados de la risa.

Como la luz del farol parpadeaba continuamente, la escalera hizo presa de muchos desafortunados zapatos, que no escatimaron esfuerzos para esquivar el vendaval de mierda que se les venía encima. Muchas palmas ya no serían las mismas tampoco luego de aquel hermoso pasadizo de desechos naturales.

  • “Uhhhh, que bacán, ahi viene otra víctima”, dice entusiasmado Juanqui.
  • “Tápense las caras con las capuchas, pa que no nos cachen”, le digo al resto.

La noche se nos pasó entre risas e imitaciones del sonido de la plasta al ser compactada por una incauta suela desprevenida. El día siguiente, sin embargo, nos develaría la verdadera magnitud de nuestra “intervención”.

Son las 11 de la mañana y suena mi timbre. Es Juan Carlos y el Tata.

  • “Cáchate Lale, la escalera está llena de rastrojos de mierda hasta abajo … “, dice el Tata.
  • “Y hasta hay choclitos duros en el pasamanos”, aporta Juampi.
  • “Jajajaja, ¿en serio? vamos a cachar”, digo entusiasmado.

El cuadro con el que nos encontramos era digno de un artista plástico moderno, el que en vez de lanzar salpicones de pinturas con sus manos sobre un lienzo, lo había hecho con sus pies sobre concreto y con mierda. “Hermoso”, exclamamos al unísono.

Las huellas se extendían varios metros más abajo, y se acumulaba especialmente en los vértices de los escalones, lugar ideal para limpiarse los pies tras casarse con la reina. Las explosiones de risa no se hicieron esperar. Era como que un perro hubiese usado la escalera para limpiarse tras defecar en su descenso.

  • “¿Te imaginai que uno de los que bajó se hubiera encontrado con una amigo allá abajo y le hubiera dado la mano?”, dijo Juanqui.
  • “Ja ja ja, o que hubiese venido comiendo ramitas … o nachos, no habría necesitado mayo ni mostaza”, respondí.
  • “Hay que puro repetirla”, insistía el Tata entusiasmado.
  • “Ya poh, a la noche vemos como no va con la cacería”, dice el Juanqui
  • “Ya oh, me voy a almorzar”, les digo a los chicos.

“Chabela”, nos decimos, sabiendo que más tarde daríamos inicio a una nueva jornada de recolección de “regalos”, quién sabe si más afortunada que la recién terminada.

Opina con nosotros

Comentarios