Comprar muchos sobres para llenar esos álbumes de nuestras series animadas favoritas era un quehacer común en nuestra infancia.

No había fin de semana sin pasar por el kiosco, sin rebuscar en la alcancía o sin negociar una lámina repetida con el compañero de banco.

Thundercats, Transformers, Alf, el Inspector Gadget, Candy Candy, Los Cariñositos, Frutillita y un sinfín de caricaturas llegaron a nosotros en forma de divertidos álbumes coleccionables. Cada serie tenía el suyo, y cada álbum representaba meses de paciencia, esperanzas rotas y pequeñas victorias.

En este conteo te invito a recordar esas tardes pegando láminas, comiendo pan con palta y viendo Pipiripao de fondo.

Recordar esa esquiva lámina clave que nos hizo buscarla entre amigos, entre primos y finalmente recurrir a nuestro mejor aliado: el hombre de las láminas sueltas, ese vendedor callejero que siempre tenía lo que nos faltaba… aunque a veces a un precio inflado.

Hubo premios que se volvieron legendarios, ganchos que las empresas nos tendieron para mantenernos ilusionados. La famosa lámina 020 de Robotech, la más difícil de conseguir, casi un mito urbano.

El Castillo Grayskull de He-Man, que prometía el álbum completo más un plus que nunca llegaba. Y el Varitech, ese sueño dorado que pocos lograron canjear.

Escrito por Frognum